(POV Aria)
El internado se había convertido en un hormiguero de actividad frenética. Desde mi ventana, veía a los jardineros podar los arbustos con una precisión militar y a las novicias pulir los candelabros de plata hasta que brillaban como espejos. Camiones de catering entraban y salían, y el olor a cera fresca y flores blancas inundaba los pasillos. Yo no prestaba atención. Me movía por los corredores como un fantasma, con la mente perdida en los bocetos de una casa que, cada vez más, se se