(POV kyler)
El sol de la tarde bañaba el jardín principal del internado, un espacio que hoy se sentía extrañamente vibrante. Me encontraba de pie, manteniendo la postura rígida que se esperaba de mí, flanqueado por el Padre Rodrigo y la Madre Superiora. Estábamos discutiendo los últimos detalles logísticos de mi partida hacia Italia, pero mis ojos, traidores y hambrientos, no podían dejar de seguir una mancha blanca y gris que se movía con agilidad entre los árboles.
Era ella.
Verla correr así,