(POV Kyler)
El despacho del Padre Rodrigo estaba bañado por una luz dorada y cálida, el tipo de luz que invita a la confidencia, pero que a mí me hacía sentir como si estuviera bajo un interrogatorio celestial. Frente a mí, el anciano sacerdote servía dos pequeñas copas de vino de misa con una mano temblorosa pero certera.
—Bebe, Kyler. Hoy es un día para celebrar —dijo Rodrigo, extendiéndome el cristal—. He recibido la confirmación oficial. En exactamente un mes, realizarás tus votos definitiv