Tomás ajustó el agarre de la maleta. Pesada. Demasiado. La metió en la cajuela con cuidado y cerró.
El tráfico avanzó lento. Las luces rojas se sucedieron una tras otra. Él no tenía prisa. Solo concentración. La clase de concentración fría que requiere mover cosas que no deben ser vistas.
La ciudad pasó al otro lado de la ventana. Edificios grises. Gente que no importaba. Ruido constante.
Pensó en Mía. En la forma en que su cabello castaño caía sobre sus hombros. En sus labios, en el beso fugaz