135 Olor a muerte.
Más hombres de Adriel aparecieron desde los laterales del patio. Eran muchos más que los de Eli en ese momento. Armados. Alertas. Listos para actuar.
Eli no se inmutó.
Mantuvo el arma firme contra la cabeza de Adriel.
—Quiero que mates a Juliana Arce —dijo con voz clara y sin emoción.
Del otro lado de la línea se escucharon disparos.
Un grito desgarrador de Juliana atravesó el altavoz y cortó la noche.
Tomás cayó de rodillas.
Stephanie tembló en su lugar.
Adriel tragó saliva con fuerza.