El viento frío movía las hojas del jardín.
Nadie se movía.
Nadie respiraba igual.
El patio entero estaba suspendido en un instante que parecía no terminar nunca.
Eli mantenía el arma firme contra la cabeza de Adriel.
Tomás sostenía la suya contra la sien de Stephanie.
Y ella…
temblaba entre ambos.
A cinco pasos de uno.
A tres del otro.
En medio del abismo.
—Baja esa arma —ordenó Eli, su voz más cortante que antes—. Deja de hacer estupideces.
Tomás no respondió.
Sus ojos estaban cl