Adriel no se movió hasta que la respiración de Mía se estabilizó.
El monitor marcaba un ritmo más regular. No perfecto. Pero suficiente.
La enfermera permanecía a su lado, atenta.
—Voy a regresar —dijo él en voz baja.
Mía no respondió. Sus ojos reflejaban un destello de tranquilidad.
Eso le bastó.
Salió de la habitación sin decir más.
Cerró la puerta con cuidado.
Y en cuanto estuvo del otro lado…
Su expresión cambió.
Se endureció por completo.
…
La otra zona de la casa lo llevó directo a otra t