Stephanie no lo pensó dos veces.
Marcó el número de Adriel con manos temblorosas.
El tono sonó una vez. Dos.
—¿Stephanie? —respondió él, con voz firme.
—Adriel… —su voz se quebró—. Mamá… mamá no está.
El silencio al otro lado de la línea fue inmediato. Pesado.
—Explícate.
Ella cerró los ojos un segundo. Intentó ordenar las palabras, pero el miedo se le enredaba en la lengua.
—Me llamó… era Eli. Tiene el teléfono de mamá. Dice que… que la veré si no hago nada estúpido.
Adriel no respondió de inm