Mía escuchó con atención la explicación del médico. Nunca le tuvo miedo a las intervenciones quirúrgicas.
No le gustaban. ¿Tenía alguna otra opción? A menos que quisiera vivir postrada en una silla de ruedas, debía someterse a ese proceso.
Nunca se planteó demasiado la posibilidad de no despertar. Morir, al igual que cierto porcentaje que se somete a ese tipo de procedimientos. La idea cruzó su mente con frialdad, casi ajena. Como si hablara de alguien más.
Sin embargo, ahora su vida no era suy