Él le besó la comisura de los labios.
Mía había salido de ese estado mental en donde sabía lo que hacía, pero no le daba importancia.
Su mente estaba más lúcida que nunca. Demasiado clara. Demasiado consciente.
—Esto no va a volver a pasar —le dijo y ladeó el rostro. Evitó mirarlo directamente.
Adriel sonrió sin humor. La expresión no alcanzó sus ojos.
—Bien —le respondió con simpleza.
No insistió. No preguntó.
Reconoció a su esposa en ese beso. Reconoció el deseo reprimido. Identificó los sent