La película terminó hace veinte minutos.
Lucas seguía en el sofá. Quieto. Mirando la pantalla negra donde los créditos habían desaparecido hace rato.
Nathan se había levantado para contestar llamadas. Torres. Harrison. El forense sobre el cuerpo de Edward. Detalles que necesitaban atención adulta.
Pero Lucas no se había movido.
Y yo me había quedado con él. Porque algo en su quietud no era normal. No era el silencio cómodo de un niño satisfecho después de una película. Era algo más denso.
—¿Luca