Me desperté con el sonido de algo rompiéndose.
Cristal. Seguido de una maldición ahogada.
Me senté de golpe. Desorientada. La luz gris del amanecer se filtraba por las cortanas. ¿Qué hora era?
Otro sonido. Esta vez más claro. Llanto infantil.
Lucas.
Salí de la cama. Corrí descalza por el pasillo. La puerta de la habitación de Lucas estaba abierta. Nathan dentro. De pie junto a la cama. Vidrio roto a sus pies. Lucas sentado en la cama llorando.
—¿Qué pasó?
Nathan se giró hacia mí. Rostro pálido.