El salón era un ecosistema de depredadores disfrazados de filántropos.
Nathan me guió hacia nuestra mesa con la mano firmemente anclada en mi espalda baja. Un gesto que parecía romántico pero que yo sabía era estratégico. Mantenerme cerca. Controlar el territorio.
Nuestra mesa estaba en el centro del salón. Máxima visibilidad. Imposible de ignorar.
Ya había gente sentada: Beatrice Harrington con su marido, Harrison Burke y su esposa, y dos parejas de ejecutivos que reconocí vagamente de eventos