El día de la gala amaneció gris.
Nubes plomizas cubrían Manhattan como una advertencia. Desde el ventanal de mi apartamento, observé cómo la ciudad se movía ajena a mi tormenta interna.
Veinticuatro horas atrás, Nathan me había sostenido entre sus brazos prometiendo que todo saldría bien.
Doce horas atrás, había descubierto que mi madre probablemente asesinó a mi padre.
Seis horas atrás, había recibido un mensaje insinuando que Nathan me mentía sobre Lucas.
Y ahora, en exactamente nueve horas, t