El soufflé sabía a cenizas.
O quizás era mi boca la que había olvidado cómo procesar el placer. Cada bocado bajaba por mi garganta como cristal molido, raspando las paredes de la mentira que acababa de descubrir.
Nathan conocía a Derek antes.
La frase rebotaba contra las paredes de mi cráneo como una bala perdida.
A mi lado, Nathan conversaba con Harrison sobre algún proyecto de expansión. Su voz grave, modulada, perfectamente controlada. Como si no acabara de dejar caer una granada entre nosot