Llegamos al penthouse al atardecer.
Lucas estaba exhausto. Cabeza recostada contra Nathan en el ascensor. Medio dormido.
Irene nos recibió en la puerta.
—¿Cómo estuvo?
—Perfecto.
Nathan le pasó a Lucas. Quien se aferró a Irene como koala.
—Vimos dinosaurios y ballenas y excavé fósiles y encontré cuarzo rosado para mamá Evelyn y...
Se detuvo. Dándose cuenta de lo que dijo.
Irene me miró. Sorpresa en su rostro.
Asentí. Confirmando.
Algo suave pasó por la expresión de Irene.
—Eso es hermoso, Lucas.