El domingo llegó con cielo gris.
Apropiado. El clima reflejaba mi estómago.
Nathan ya estaba en el despacho cuando bajé. Laptop abierta. Papeles esparcidos. Taza de café olvidada y fría en la esquina del escritorio.
—Buenos días.
Levantó la mirada. Ojos cansados. Líneas de tensión alrededor de su boca.
—Buenos días. ¿Dormiste?
—Más o menos. ¿Tú?
—No.
Honestidad brutal. Como siempre.
Me acerqué. Revisé los documentos en su escritorio. Informes financieros. Declaraciones juradas. Evaluaciones psic