El contrato llegó por correo electrónico a las ocho y cuarenta y tres de la mañana.
Evelyn lo abrió desde la cocina, con el café todavía caliente entre las manos y los niños dormidos al fondo del pasillo. Lo leyó dos veces. Luego una tercera.
Productora ejecutiva. Derechos creativos compartidos. Veto sobre cambios sustanciales al personaje principal.
Estampó la firma digital antes de que su cabeza pudiera convencerla de pedir más tiempo para pensarlo.
Ya había pedido suficiente tiempo. Tres sem