El set ocupaba tres plantas de un edificio de producción en Brooklyn.
Evelyn lo supo desde el ascensor. El ruido técnico, los cables, las voces que hablaban de iluminación y de ángulos. Un olor particular a madera nueva y pintura seca que se mezclaba con el café de trapos de una máquina de la planta baja.
Nathan apretó su mano cuando salieron del ascensor.
—¿Lista?
—No lo sé todavía.
Esa era la respuesta honesta.
La directora de producción las recibió en el pasillo: Marta Chen, cuarenta años, p