Harrison habló durante doce minutos.
No abrió la carpeta.
La tenía en el regazo, cerrada, con las dos manos encima. Los documentos que contenía los había revisado durante cuatro horas la noche anterior y esa mañana antes de venir. Ya no necesitaba el papel para decir lo que tenía que decir.
Nathan escuchaba desde el lado de la encimera de la cocina.
Evelyn, desde la silla frente a Harrison.
Helena señalaba la carpeta cada treinta segundos con el índice extendido y la expresión de alguien que ha