El paquete era grueso. Pesado. Olía a tinta fresca de impresora láser y a papel virgen.
—Terminé el borrador.
Helena estaba de pie en el umbral del estudio de Evelyn. Helena, dieciséis años, con doscientas páginas en la mano.
El fajo de folios estaba unido por un clip metálico gigante que apenas lograba contener el volumen. Evelyn dejó a un lado el bolígrafo de corrección. Giró la silla de cuero para enfrentar a su hija. El corazón le dio un salto rápido, un tamborileo de anticipación y terror