El papel timbrado de la universidad internacional no se parecía a las notificaciones habituales que llegaban al penthouse. Era un pergamino grueso, con una textura que demandaba ser tomado en serio, coronado por un sello en relieve que capturaba la luz de la mañana.
Helena estaba de pie en el centro exacto de la sala de estar.
La luz que se filtraba por los inmensos ventanales de cristal dibujaba una silueta afilada a su alrededor. No había rastro de duda en su postura. Tenía la barbilla alta,