El vestido tardó seis semanas en estar listo.
Diana había empezado el diseño en agosto, cuando el embarazo todavía podía esconderse con las telas correctas, y lo había ido ajustando a medida que el cuerpo de Evelyn cambiaba. No era el tipo de ajuste que se hacía con prisa. Era el tipo que requería que Diana viera a Evelyn en persona cada dos semanas, la mirara con esa atención clínica y afectuosa que tenía para los cuerpos en transformación, y hiciera marcas en el patrón con precisión silencios