El libro estaba en la estantería del salón desde el año anterior.
Helena lo sabía. Sabía exactamente dónde estaba porque Helena sabía exactamente dónde estaba todo en el penthouse: qué estante, qué posición, al lado de qué otros libros, y en qué orden Evelyn había decidido poner las cosas ese día de abril cuando reorganizó la estantería con la metodología que Evelyn aplicaba a la reorganización: sin declararlo como proyecto, sin pedir ayuda, un sábado por la mañana con el café y la ciudad y la