Llegaron del hospital un martes por la mañana.
El penthouse los recibió con el silencio de los lugares que han sido reorganizados mientras nadie miraba. Claire había pasado las cuarenta y ocho horas del hospital reordenando cosas sin que nadie se lo pidiera: la mecedora de la abuela movida al cuarto donde dormirían Leo y Olivia en los primeros meses, los moiseses colocados con el ángulo que optimizaba el espacio sin sacrificar el acceso, la cocina con suficiente comida para una semana porque Cl