★ Isabella Dorne.
Diez años. Una maldita década desde que me enviaron a ese frío convento en el extranjero, alejada de todo lo que conocía, encerrada entre paredes grises y reglas estúpidas que nunca pretendí seguir.
Diez años desde que mis padres decidieron que era más fácil deshacerse de mí que lidiar con una hija que nunca les importó demasiado. Y ahora, después de tanto tiempo, estaban muertos.
Quemados.
Recibí la noticia con una extraña sensación de alivio. No porque quisiera verlos sufrir