Al salir de la universidad, me sentí extraño. No por la situación en sí, sino por la rapidez con la que todo había ocurrido. No me importaba realmente si no me daban el trabajo o si el director pensaba que mi actitud era grosera. ¿Qué significaba eso para mí? Nada. Si no me querían, yo no los quería tampoco. Así que, mientras caminaba hacia mi coche, sacaba el teléfono de mi bolsillo para revisar las notificaciones.
Fue entonces cuando Alan me llamó. El tono de su voz era claramente preocupado.