—Alfa, son demasiados, por más fuertes que seamos, no podemos con tantos, además, debemos de cuidarnos de las flechas— algunos lobos de Alastor habían sido heridos y la batalla en el medio del bosque estaba siendo reñida.
Sin más, el alfa soltó un aullido ensordecedor y desgarró a unos cuantos lobos y junto a los suyos tomaron los lobos heridos y se escaparon. Las cosas no habían acabado ahí, ellos habían hecho mucho daño. Su pelaje y su boca estaban muy sucios de sangre y en sus garras había