La navaja cae al suelo y la abraza con fuerza. La necesitaba así junto a él, que aquello no fuera un sueño, que todo vuelva a ser como antes o mucho mejor.
—Eres mi vida, ¿qué parte de no puedo vivir sin ti no logras entender?— Cuando intenta levantarse, se cae con ella en brazos. Arlo le aclaro que no podía quitarse las vendas por mucho tiempo, ni exponerse; algunas heridas empiezan a sangrar.
—¿Alfa, estás bien? —
—Llama a arlo, las vend…— se desmayó y ella gritó asustada y corrió fuera de la