¡Qué hermosa es! Ni siquiera puedo creer que ella esté a mi lado, durmiendo sobre mí, tan relajada. Su pecho sube y baja, su carita es preciosa y no evito sonreír. Creo que funcionó el chantaje, es un secreto que me llevaré a la tumba. Lamento que haya tenido que recurrir a algo tan loco para que me aceptara, pero me embargó el miedo de perderla para siempre.
Abre sus ojos y bosteza estrujando sus brazos, nos miramos fijamente unos segundos y se sonroja evitando mi mirada.
—¿t-te sientes mejor?