Había pasado un tiempo desde el último ataque, los lobos de Ronan, no habían vuelto a atacar y eso molestaba Alastor. Sabía que algo se traía entre manos, se asomó al balcón de su aposento y desde ahí vio a jade cortando hortalizas y regándolas. Arlo cargaba las canastas con las verduras, era tan hermosa, el viento soplaba suave y movía su largo cabello y el vestido al conjunto.
Levantándose y mirando hacia arriba, vio a Alastor observarla y le sonrió y agito su mano. Ella era tan feliz, una a