Alastor lleva días sin pegar un ojo y sus ojeras son visibles para todos pese al cubrebocas. Las semillas que sembró arlo, que ella le había pedido que sembrara empezaron a crecer, él las cuidaba con mucho amor porque pensaba que un día ella iba a regresar, era la mentira que quería creer. El pasto crecía en la manada y algunos insectos empezaban a parecer, pero ya nada causaba emoción como antes.
Los días eran duros para el alfa Alastor y sólo tocaba el trozo de tela del vestido de jade sucio