Antes de culminar la semana, Dante y Svetlana tomaron la decisión de volver a Calabria, pues no tenía sentido que se quedaran más tiempo en Japón. El mensaje de Kenjiro había sido claro: cuando los necesitara, los llamaría. Hasta entonces, Calabria los esperaba.
El día era perfecto para una despedida, pensó Erika, aunque algo en el pecho se le apretó. La casa, que había sido su refugio durante esa semana, comenzaba a sentirse otra vez vacía con cada hora que pasaba. La mañana estaba cargada de