El pasillo estaba callado, y Erika no pudo evitar sentirse como si todo en la casa hubiera quedado suspendido en el aire, esperando que se tomaran las decisiones correctas. Cada paso que daba hacia el cuarto de Takeshi, o mejor dicho, el de ambos, ella y él, parecía resonar más fuerte que el anterior, una constante presión que la empujaba hacia lo inevitable. La tensión de la llegada de su padre, el trato que había hecho con Kenjiro, sus recien descubiertos sentimientos hacia Takeshi… todo pare