El pasillo estaba callado, y Erika no pudo evitar sentirse como si todo en la casa hubiera quedado suspendido en el aire, esperando que se tomaran las decisiones correctas. Cada paso que daba hacia el cuarto de Takeshi, o mejor dicho, el de ambos, ella y él, parecía resonar más fuerte que el anterior, una constante presión que la empujaba hacia lo inevitable. La tensión de la llegada de su padre, el trato que había hecho con Kenjiro, sus recien descubiertos sentimientos hacia Takeshi… todo parecía amontonarse en su pecho.
Cuando llegó frente a la puerta de su cuarto, se detuvo por un momento. Escuchó la respiración profunda de Takeshi al otro lado, el sonido de su presencia tan inconfundible, tan propia de alguien que había aprendido a vivir entre sombras y decisiones difíciles. Erika respiró hondo antes de entrar.
La puerta se abrió sin hacer ruido. Dentro, el cuarto estaba a medias iluminado por la luz tenue del atardecer, que se colaba a través de la ventana. Takeshi estaba de pie,