El silencio se apoderó del ambiente, pesado y denso, tras el apretón de manos. La habitación parecía estar suspendida en un instante que no terminaba de llegar. Dante, aún cerca de Erika, no había dado un paso atrás, como si su proximidad fuera un ancla que lo mantenía en el centro de la tormenta. No se apartaba de ella, no aún. Su presencia seguía siendo opresiva, dominante. Los músculos de su rostro estaban tensos, pero su mirada permanecía fija, calculadora, como si estuviera sopesando el pe