La luz de la mañana entraba filtrada, tímida, como si también dudara antes de invadir la habitación.
Takeshi abrió los ojos lentamente.
Durante un segundo no entendió nada. El techo le resultó extraño, el silencio distinto, el cuerpo pesado por el cansancio y la herida. Luego, el recuerdo de la noche regresó en fragmentos: voces, miedo, la llegada de Erika, el beso, el silencio compartido… y entonces la sintió.
Estaba ahí.
A su lado.
Giró apenas la cabeza y la vio dormir.
Erika tenía el cabello