Pasos constantes. Radios murmurando en códigos breves. Hombres entrando y saliendo. Takeshi avanzó por el corredor principal con cuidado, apoyando más peso del que quisiera en la pierna de su costado sano. El vendaje bajo la camisa tiraba con cada movimiento. El cuerpo le pasaba factura. Cada respiración era un recordatorio de que no debía estar de pie.
Pero no se detuvo.
Cuando la puerta principal se abrió de par en par, el aire frío de la noche entró junto con Svetlana y su gente.
Ella avanzó