Minutos antes...
El edificio elegido por Svetlana no tenía glamour: una torre de oficinas a medio ocupar, a cinco cuadras de la casa de Takeshi, con alfombras desgastadas y un olor insistente a desinfectante barato. Precisamente por eso la había escogido: nadie mira dos veces un piso con cubículos vacíos y luces de emergencia que parpadean.
En una mesa larga había mapas del barrio, fotos aéreas impresas, una tableta con las cámaras que su gente había logrado plantar en postes municipales, una r