Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa noche había caído sobre Moscú con la elegancia gélida de un susurro. A través de los grandes ventanales, los copos de nieve danzaban suavemente como si ejecutaran una coreografía invisible. Las luces doradas del salón se reflejaban en los cristales, creando un efecto de vitral sacro, como si el lugar fuese el altar de una ceremonia torcida.
Svetlana estaba sentada a una mesa larga y desmesurada, cubierta por un mantel de lino blanco i







