Bajar del cuarto fue casi tan difícil como levantarse de la cama.
El pasillo parecía más largo de lo habitual. Cada tramo de tatami se extendía ante él como si la casa tratara de retenerlo, obligarlo a quedarse donde el médico y la lógica decían que debía estar.
Takeshi avanzó igual.
El bastón golpeaba el suelo con un ritmo grave.
Paso.
Dolor.
Golpe de madera.
Kaito caminaba a su derecha, un poco retrasado, como si temiera tocarlo demasiado y, al mismo tiempo, temiera no estar lo bastante cerca