Mundo ficciónIniciar sesiónDos días pasaron desde que el caos se desató en la villa Bellandi. El mármol agrietado de las fuentes ya no rezumaba agua sino cicatrices. Las estatuas partidas y los escombros habían sido recogidos con manos temblorosas, manos que aún llevaban sangre seca entre las uñas. Los restos de los leales caídos —hombres que habían servido a Dante hasta su último aliento— ya habían sido enterrados en lo m&aacut







