Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa noche había caído sobre Reggio Calabria con la sutileza de un suspiro.
En lo alto de la colina, la villa Bellandi parecía suspendida entre cielo y mar, con sus luces cálidas brillando como faros sobre la oscuridad. La brisa marina acariciaba los cipreses y hacía crujir la madera del suelo de la terraza. El sonido lejano de las olas rompiendo contra las rocas era el único acompañante de Dante.Él estaba allí, de pie,







