El salón estaba envuelto en una atmósfera densa, impregnada del perfume oscuro de los habanos recién encendidos, del aroma terroso del Chianti añejo servido en copas robustas, y del leve pero perceptible perfume de cuero, metal y pólvora que parecía adherirse a los muros centenarios de la villa como un recuerdo latente de todas las muertes que se habían planeado y gestado allí dentro.
Una gran mesa de roble ocupaba el centro de la sala, rodeada por una docena de hombres. Capos. Líderes de clane