Fiorella irrumpió en su habitación como un huracán descontrolado. Su pecho subía y bajaba con violencia, su respiración eraerrática y el corazón le golpeaba en las costillas con la fuerza de un tambor de guerra. Rabia. Era todo lo que sentía. Pura, ardiente y sofocante rabia.
Las lágrimas que brotaban de sus ojos no eran de tristeza, eran de ira, de impotencia, de un dolor visceral que la desgarraba por dentro.
Con manos temblorosas, abrió la puerta del armario y sacó una maleta con un solo tir