La luz del atardecer se filtraba a través de los ventanales del gran salón de la villa Bellandi, tiñendo de tonos dorados las paredes de piedra y los muebles de madera oscura. El murmullo de voces masculinas llenaba el espacio, los hombres de confianza de Dante debatían sobre los últimos movimientos de sus enemigos, sobre negocios, lealtades y amenazas que se cernían en la sombra.
Pero Dante apenas escuchaba.
Su mirada estaba fija en la copa de whisky que giraba entre sus dedos, su mente repasa