La camilla ginecológica sobre la que Svetlana estaba acostada parecía una isla en medio de esa frialdad. Su cuerpo estaba tenso, su respiración entrecortada por la ansiedad y el miedo que no la dejaban. El dolor que había sentido antes había remitido, pero el pánico seguía corroyéndola por dentro, la incertidumbre la tenía al borde de la desesperación.
Dante estaba a su lado, su mano fuerte sobre la suya, aprisionándola con fuerza, como si de esa manera pudiera evitar que se desplomara bajo el