La sala estaba luminada por la luz cálida de las lámparas que se reflejaban en la superficie pulida de la mesa de caoba. Dante estaba reclinado en su silla, las manos entrelazadas con firmeza. Ásgeir estaba a su lado, con la mirada fija, y un par de hombres más de su confianza estaban en las esquinas de la sala, prestando atención al más mínimo movimiento.
El ambiente estaba cargado de tensión, como siempre que se trataba de algo que involucraba a Fabio.
—El caso de Fabio está siendo manejado c