El sol aún no había salido. La casa aún dormía. Pero Svetlana se removió entre las sábanas revueltas, con una mueca de incomodidad en el rostro. Despertó con esa necesidad imperiosa que rompe el sueño más profundo y se levantó a tientas. Caminó descalza por la habitación silenciosa y fue al baño.
Al volver, sus pasos apenas crujieron sobre la madera pulida. Y sin embargo, bastaron.
Dante, medio dormido, percibió su aroma antes de abrir los ojos.
Ese aroma…
Dulce. Íntimo. Inconfundible.
El olor