La música del bar era vieja, crujía por los parlantes como si viniera desde el pasado, donde nadie recordaba exactamente cuándo fue que el lugar dejó de tener clientes decentes y se llenó de sombras con sed de whisky barato y secretos que olían a pólvora. Las paredes tenían humedad en las esquinas, y un leve olor a orina se colaba desde el baño del fondo, pero a los hombres que jugaban a los dardos en el rincón más oscuro del local eso no les importaba.
La voz de Rino resonó con una carcajada á