Capítulo 222
La habitación estaba bañada por una luz dorada y cálida que entraba a raudales a través de las cortinas descorridas. El sol de la tarde pintaba las paredes de tonos miel y ámbar, acariciando los muebles, el piso de madera pulida y la gran cama donde descansaba Dante. Todo estaba limpio, ordenado, sereno, como si el mundo se hubiera detenido para que él pudiera sanar. En el aire flotaba una fragancia sutil de lavanda, y las ventanas estaban entreabiertas, dejando que la brisa suave agitara apenas